NOMBRE: Abel (hebreo: Hevel, “vapor”, “aliento”, “lo pasajero”)
PADRE: Adán
MADRE: Eva
ASCENDENCIA: Hijo directo de los primeros seres humanos; linaje de Adán y Eva
DESCENDENCIA: Ninguna (muere sin dejar hijos)
LUGAR DE NACIMIENTO: Tierra fuera del Edén, después de la expulsión
AÑOS DE VIDA: No especificados en la Biblia (muere joven)
ÉPOCA EN QUE VIVIÓ: Generación temprana antediluviana (antes del Diluvio)
Abel es el segundo hijo de Adán y Eva. A diferencia de Caín, que trabaja la tierra, Abel cuida rebaños. Cuando llega el momento de ofrecer algo a Dios, Abel no da “cualquier cosa”: da lo mejor, lo primero, lo más gordo de sus animales. Ese detalle es clave. Su ofrenda no es trámite, es entrega.
La Escritura dice que Dios miró con agrado la ofrenda de Abel. No explica con detalle por qué, pero la tradición bíblica lo asocia con la calidad del corazón y la humildad del sacrificio. Hebreos 11:4 más tarde dirá que Abel ofreció “por fe”, y que por eso fue llamado justo. Es la primera vez que un ser humano es descrito como justo delante de Dios.
Esto enciende la rabia de Caín. El resentimiento madura en silencio, y un día Caín invita a Abel al campo. Allí Abel muere asesinado por su propio hermano. Abel se convierte en: el primer inocente asesinado, la primera sangre derramada injustamente, y el primer mártir bíblico.
Dios escucha esa sangre. En Génesis se dice que “la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Es una imagen poderosa: la injusticia humana no se pierde, sube a juicio delante de Dios.
Abel no deja ciudades, no deja hijos, no deja linaje técnico ni cultural como Caín. De Abel queda otra cosa: testimonio moral. Jesús siglos después lo llamará “Abel el justo” (Mt 23:35), porque Abel representa al hombre que entrega lo mejor a Dios y paga el precio por la envidia de otro.
Abel es breve como su nombre (“vapor”), pero su vida es un mensaje que atraviesa toda la Biblia: la fidelidad puede costarte todo, incluso la vida, pero Dios no ignora la sangre del justo.

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