Job, hombre justo que sufrió la pérdida de su familia, salud y bienes. Aunque resistió con fe, también se quejó amargamente contra Dios, exigiendo explicaciones.
Job no es villano, pero su momento de queja lo pone en juicio estoico. Marco Aurelio decía: “¿Por qué temes lo que puedes soportar?”
En su dolor, Job osciló entre la virtud y el resentimiento. Su error no fue sufrir, sino exigir que el universo respondiera a su lógica.
Epicteto recordaría que lo importante no es lo que sucede, sino cómo lo enfrentas. Job, aunque justo, perdió por momentos la virtud de la aceptación sabia.
Job enseña que incluso el justo puede fallar si espera recompensas por su virtud. El estoico actúa bien sin esperar nada a cambio, y acepta el dolor como parte de la forja del alma.
+ EL JUSTO QUE NO MALDIJO A DIOS
Job era un hombre íntegro, rico, bendecido con familia y tierras. El libro comienza mostrando cómo Satanás reta a Dios:
“¿Acaso Job te teme de balde? Tócale sus bienes, su salud… y verás si no te maldice en tu cara.” (Job 1,9-11)
Dios permite la prueba. En un solo día Job pierde su ganado, sus siervos y a todos sus hijos. Luego su cuerpo se llena de llagas. Se sienta en ceniza, rascándose con un tiesto. Su esposa le dice:
- “Maldice a Dios y muérete.”
Pero Job responde:
- “¿Recibiremos de Dios lo bueno y no lo malo?”
Tres amigos lo visitan y tratan de convencerlo de que sufre porque pecó. Job insiste en su inocencia, pero también clama con dolor, cuestiona, llora, incluso desea no haber nacido. Y aun así, nunca maldice a Dios.
Al final, Dios responde desde la tormenta. No le da explicaciones, sino una revelación:
- “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?
- ¿Acaso ordenas al rayo que parta y te diga: ‘Aquí estoy’?” (Job 38,4.35)
Job entiende que la sabiduría humana no alcanza a comprender los planes de Dios. Y dice:
- “De oídas te conocía, pero ahora mis ojos te han visto.” (Job 42,5)
Dios restaura su vida, le da el doble de lo que perdió, y Job termina en paz.
¿QUÉ ENSEÑA JOB?
– Que la fe verdadera no depende de la prosperidad, sino de la confianza en medio del dolor.
– Que el sufrimiento no siempre es castigo: a veces es misterio y purificación.
– Que Dios no siempre explica… pero siempre se revela.
– Que incluso en la oscuridad, el hombre justo puede seguir bendiciendo.
Job nos recuerda que la sabiduría no es entender el “por qué” del dolor…sino permanecer fiel mientras llega la respuesta de Dios.


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