EL QUE NO DOBLÓ SUS RODILLAS ANTE ÍDOLOS
Llevado como joven a Babilonia tras la caída de Jerusalén, Daniel fue formado en la corte imperial. Podía haberse perdido en los lujos de esa cultura, pero eligió no contaminarse con la comida del rey (Daniel 1,8). Desde joven mostró que la sabiduría comienza con decisiones pequeñas de fidelidad.
Más adelante, interpretó sueños y visiones que ningún sabio babilonio pudo explicar.
Cuando Nabucodonosor soñó con una estatua enorme hecha de oro, plata, bronce, hierro y barro, Daniel reveló que era la historia de los reinos humanos… y que al final, solo el Reino de Dios permanecería (Daniel 2).
Pero su mayor prueba llegó cuando un decreto prohibió orar a cualquier dios que no fuera el rey. Daniel siguió orando tres veces al día, como siempre. Lo denunciaron y lo arrojaron al foso de los leones. Sin embargo, Dios envió a su ángel y cerró las fauces de las fieras. Al amanecer, el rey lo encontró vivo y glorificó al Dios de Daniel.
¿QUÉ ENSEÑA DANIEL?
– Que la sabiduría comienza con fidelidad en lo pequeño.
– Que las culturas y los imperios pasan, pero el Reino de Dios permanece.
– Que la oración constante es más fuerte que los decretos humanos.
– Que la verdadera valentía es seguir de rodillas ante Dios, aunque te cueste la vida.
Daniel no buscó sobrevivir.
Buscó ser fiel.
Y en su fidelidad, mostró que la sabiduría vence donde el poder falla.

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